31 de enero de 2012

AL MASAJISTA, LOS LUNES

Entre mis propósitos para enero estaba darme unos masajes cuya prioridad era remediar el dolor de “riñones” que dirían las abuelas. A la búsqueda salí; recordé un letrero que hacía meses había leído multitud de veces “Próxima apertura de clínica de fisioterapia”; empezaría por ahí. Me había enterado que una amiga también había abierto un centro con todo tipo de terapias para mujeres, donde por supuesto no podían faltar todo tipo de masajes; era cuestión de comparar de precios.
Cuando me acerqué a la cristalera de la clínica, percibí que aquellos cristales biselados estaban relucientes y se intuía que el negocio funcionaba. Llamé y un caballero “bien plantado” a la par que educado salió a mi encuentro y me puso al corriente de bonos, tratamientos, técnicas…y todo lo más moderno en fisioterapia, osteopatía y terapia miofascial.  Me sonaban “a chino” muchas cosas, pero esos ojos negros certeros me trasmitieron una sensación de bienestar y automáticamente decidí ponerme en sus manos. ¡Vaya manos!, si no eran capaces de desentumecerme las articulaciones habría que pensar en el quirófano.
Salí convencida que aquí estaba mi camilla; a mi amiga le diría que lo había pensado mejor y de momento iba a posponer los masajes o quizás prefería alguna sesión contra la celulitis o el vello facial…algo se me ocurriría. Además, puestos a buscar razones de peso, el muchacho acababa de instalarse por su cuenta y yo podía ser una buena embajadora y dar buena razón de sus destrezas. Dejando de un lado la comparativa de precios que requiere la crisis y convencida de haber optado por la mejor solución altruista, he empezado mis sesiones. He elegido los lunes. Una forma de poner un poco de color al día más “horribilis” de la semana.
Voy más contenta que unas castañuelas a ponerme en esas manos enormes y prodigiosas...os contaré.
He llegado a la conclusión que a mi edad hay dos tipos de mujeres, las que tienen que reparar el cuerpo y ponen un fisio y las que tienen que reparar el coco y ponen un sicólogo.  Y a fin de cuentas, unas y otras, lo único que ponemos en la vida es un amigo.

26 de enero de 2012

LOS MARTES, NUEVA ASISTENT@

Con la llegada de la crisis, la partida de la asistenta. ¡Vaya putada! Ha sido el ser humano más útil que he puesto en los últimos tiempos en mi vida. Rememorando, el marido fue bonito mientras duró, pero hacía años que se había convertido en mobiliario del salón; el nuevo portero, daba razón de las entradas y salidas de todo “quisqui”; la peluquera, tenía la habilidad de hacerme el corte y el peinado que se le antojaba y salía de allí cabreada y directa a la ducha; el dentista se había empeñado en ponerme los brackets de adolescentes;  el de Santa Lucia me convenció para poner a las hijas en la poliza…Y así, suma y sigue. Vamos que me han ido arruinando la vida, entre unos y otros. No es correcto; mejor dicho me “han tocado l@s narices/guevos”. Y cómo casi siempre me deshice de lo necesario e importante pero me quedé con los brackes, con las canas, con las pólizas…que todo ello no me importa una mierda.

Retomemos “en positivo”; la crisis también me ha traído multitud de cosas buenas; voy a pensarlas. Tengo menos gases porque me llevo la tartera 3 veces por semana; la ropa de hace dos temporadas me cae que ni pintada y me facilita no tener que pensar por las mañanas; pantalón vaquero con blusa blanca ó pantalón blanco con blusa vaquera; un alivio, he vuelto al uniforme, como cuando iba a las mercedarias. Es una maravilla simplificar la vida. Transporte público ¡que gozada! Volverte a tropezar con los caballeros, con las señoras antipáticas y sonreír, dar los “buenos días” a los conductores de autobús…Lejos quedaron “pegarse” con los uniformados de la hora, con los artilugios que te daban el “puto ticket”, buscar cambio debajo de la mesa, dejar una reunión empantanada para echar dinero a la maquinita…No tengo muchas ganas de escribir. Un pequeño ejercicio: que todo el mundo dedique unos minutos a pensar las ventajas de la crisis.

La gran ventaja que me ha traído es una nueva asistenta, más económica porque no tiene mucha experiencia. Los lunes por la noche viene el ex a jugar al parchís con mis hijas; no pensar tan mal que el pobre muchacho trabaja los fines de semana y si tiene alguno libre también trabaja…es un gran trabajador y además él ha decidido el régimen de visitas. Últimamente tengo un espíritu muy “zen”: “cada uno haga, lo que le haga feliz”.  Le dejamos el cheslón para que descanse “como Dios manda” porque al día siguiente tiene una jornada dura de trabajos domésticos. Desde que limpia ventanas se ha dado cuenta de lo grandes que son los cristales, desde que tiende ropa se ha dado cuenta que en una colada de mujeres hay mas bragas y sujetadores que pingüinos en el documental de ayer de la 2, que las pilas de ropa no caminan a los armarios, que el culo de la sartén no se limpia solo…etc. Es una asistenta con mucho por aprender….No vamos a ser exigentes no sea que se despida sin haber pasado el periodo de prueba.  Espero sortear la crisis con el nuevo asistent@. Se me olvidaba contaros el momento estelar de la jornada; este martes se le cayó la blackberry último modelo, al cubo del agua con el amoniaco. Cuando llegué y vi a su pijotero teléfono entre arroz para secarlo, me daba mal, pensé que me infartaba. A las mujeres se nos caen los móviles en la taza del water y a los caballeros además de caérselos en el coche……
“No se lo tiré yo”; por ganas se lo hubiese tirado tantas veces….

24 de enero de 2012

A TOMÁS, MI JEFE Y AMIGO

La semana no podía haber empezado peor. Tomás, mi jefe y amigo se ha ido de la empresa.
No es la memoria mi gran fuerte, pero del año 97 recuerdo “aquel verano” que fue distinto a los demás. Por julio fuimos parte de ese país que se puso en pie con el propósito de cambiar la suerte de un muchacho, Miguel Ángel Blanco, que no había cometido otro delito que ser joven y libre para opinar; ¡¡¡cuanta irracionalidad!!! Ojala hayamos aprendido algo.
Cambiando de tercio, apareció Dolly aquella oveja “clonada” que llenó tantas páginas de periódicos  y minutos de informativos. Hasta a mí, chica del mundo rural, aquello me impactó. “Ver para creer”.
Y en el 1997 la vida nos cruzó; fue una breve relación profesional, dónde sin querer ya empecé a admirar “tu talante y tu talento”. Cómo brujilla que soy la vida casi siempre me da una segunda oportunidad para las cosas y las personas que merecen la pena. Y a la vuelta de los años nos encontramos de nuevo cara a cara; me había hecho mayor, había perdido mi timidez y estaba a la altura del jefe de casi dos metros. Sabes que muchas veces te he dicho que “cuando no se te conoce, impones”.

Lo cierto es que en algún lugar del alma, tenemos muchas cosas
en común: esa pasión que compartimos por el pueblo, ese orgullo por nuestras familias numerosas, ese hacerse a uno mismo…y todo ello desde la perspectiva del entusiasmo y el escepticismo que da la edad para saber discernir las cosas que merecen la pena de la vida. Juntos reíamos sin parar, te escuchaba embobada las mil y una anécdotas desde tus primeros trabajos en el cine de los Estudios Roma (eres un gran relatador), te contaba los últimos devaneos amorosos en las redes sociales, disfrutaba de tus ironías, recordábamos amigos comunes; en resumen, hacíamos “una puesta a punto” de nuestra amistad, porque en el trabajo eras mi querido jefe…Pasado glorioso y futuro incierto tejían aquellas comidas rematadas con pacharán; Solo una escasa neurona para la reflexión final “somos como los  abuelos cebolletas, nos estamos haciendo mayores, no contamos más que batallitas…”…

No voy a hablar “ni de jefes, ni de indios”, creo que tiene que ser el tiempo quién se encargue de dar su veredicto. Me quedo con tus máximas: “trabajador satisfecho, trabajador rentable” y “detrás de un trabajador, hay un ser humano”

Esta mañana cuando nos has dicho que te ibas, eras tú, el Tomás de siempre, sin reproches, sin descalificaciones, con entereza…sí, con dignidad.
“Grandullón” las cosas no van a ser igual sin ti. La vida aún nos tiene que regalar muchos momentos juntos; seguiremos alegrándonos cuando nos veamos y disfrutando cuando estemos juntos.
¿Comemos la semana que viene? Pediremos un pacharán “doble” para seguir encajando los “golpes” de la vida.

23 de enero de 2012

FINDE AL PUEBLO

Os tengo abandonados; “los jueves tengo 20 años”, eso suele dejarme fuera de juego un par de días (algún que otro exceso). Esta vez para recuperarme decidí coger el coche, dar carpetazo a las responsabilidades y poner rumbo a mi escondite preferido: un lugar recóndito de la cornisa cantábrica a la “orilluca” del Ebro. Cuando me adentraba en el cañón salieron a mi encuentro las anjanas (hadas bondadosas y muy lindas que frecuentan el silencio de las ruinas cercanas al río, el sosiego de los caminos apartados, la paz de las riberas de los arroyos…) dándome la bienvenida y animándome en el último tramo del camino. Me contaron que la luna esa noche estaba pletórica y las estrellas se habían sumado a acompañarla; saben que cuando aterrizo por allí me embobo mirando al cielo,  y tengo la sensación de verlo por primera vez! Aquella noche no se había puesto la niebla, era una noche de invierno especial. Me costó desembarazarme de las anjanas, querían retenerme para juntas contemplar el espectáculo. Les prometí volver y perdernos una noche contemplando el cosmos…
   Por fin llegué a ese pequeño pueblo, con media docena de casas habitadas que durante el invierno languidece en un profundo ensueño. Ahí estaba la “casa de las flores”; una casa grande de pueblo a la que mi madre, año tras año, le llenaba de colorido con multitud de geranios, de rosas de todos los colores, de tinajas de lunares…y un azulejo que ella pintaba y retocaba dónde el forastero podía leer “Bienvenido a esta casa”; la señora de la casa en todo lo que tocaba ponía alegría, luz, color, buen humor, pasión…aquellos valores que marcaron nuestra niñez.  Aún estaba la luz de la salita encendida, cuando aparqué el coche. ¡Qué bonito es que aún se preocupen de una como cuando era niña! Tomé la decisión de aprovechar lo que la vida me brindaba: “dejar de ser madre para convertirse exclusivamente en hija”. Mi madre nunca fue una gran cocinera (la mayoría de las cualidades que se presuponía que debía tener una mujer de antes, no estaban en su haber) así que el trámite de la cena se saldó con un cola-cao y unas galletas. Y aquí empezaron las caricias del alma o “echar la tetadilla”; una especie de terapia entre madre e hija. Esa “crisis” que nos bombardea comentada entre risas e ingenio, esos relatos de caballeros que son incapaces de satisfacer pequeñas necesidades de mujeres normales del siglo 21 y multitud de asuntos familiares, locales, de vida…todos ellos abordados desde el optimismo y el buen humor. No encontrábamos momento para irnos a la cama, el cansancio del viaje había desaparecido y charlábamos y charlábamos como dos cotorras…
   Ocupé la habitación de los invitados, un lugar ajeno a mis mejores  recuerdos; pero mi madre se encargó, con un beso, de devolverme a mi niñez antes de caer rendida. 

19 de enero de 2012

LA MUJER DE MI VIDA


Esta mañana a primerísima hora un amigo me ha mandado tres “wasapos” en los que me reclamaba con urgencia. Supuse que quizás se trataba de algún asunto de vital importancia. Ninguna gana de contestar tenía, pero pensé qué para algo somos los amigos.

La pregunta a esas horas de una mañana recién estrenada  me ha llevado a dejar el chateo, buscar un rincón  y a entablar una conversación basada en la absurdez. ¿Qué nos gusta a las mujeres por la mañana? Cada vez los señores están peor. No tenía las neuronas lo suficientemente desperezadas para abordar tan complejo axioma. Pensé en la dama que había sido capaz después de una gran noche de aún habitar en la mente de mi amigo y supuse que aún le tenía en su cama. Afortunada, sobre todo, por no tener que madrugar.  No sabía si decirle que bajase a por “porras”, preparase un baño con pétalos, hiciera un sabroso zumo de  mango…
Demandaba una solución rápida y cómo un jarro de agua escuchó lo que yo esa mañana hubiese pedido “que me dejen dormir, que quería seguir babeando mi almohada y que el mundo rulase sin mí”.
Se hizo el silencio, luego la frase lapidaria “que poco romántica eres”; ¿por qué vas a llamar a la “Killer” del grupo?- pensé. Retomé el discurso, me espetó “he conocido a la mujer de mi vida”. Menos mal que por el teléfono no nos podemos ver; como no podía hablar, hice todas las muecas habidas y de por haber. De haber sido descubierta con este lenguaje Braille aquí habría concluido esa amistad de años tan consolidada. “La mujer de su vida”, si su vida esta llena de mujeres; cuando recuerda cualquier momento pasado siempre va aderezado con nombre de mujer: “con Ana en Egipto…” “comprando un jersey con Pili…, “en el ascensor con Tere…”…Digamos que es ese  tipo de hombre que no sabe estar solo. Hasta ahí le hemos entendido, pero últimamente se ha obsesionado con esto que llama la “mujer de su vida”.  En la última cena le advirtió Pepa, que estamos todos “jodidos” porque el mercado no ofrece más que saldos con taras y viene él regodeándose. Por eso, no ha llamado a Pepa; este asunto lo había zanjado en el minuto uno.
Y siguiendo los pasos de Pepa pero con algo más de diplomacia le sugerí que le preparase unos huevos fritos con bacón, un buen desayuno continental para reponer energías…” que nunca se sabe”  

18 de enero de 2012

UN "EX-COJONO"

Parece que era ayer cuando un caballero que invité a entrar en una noche fría, después de un concierto, sin otra pretensión que me calentase los pies en sus pantorrillas, se instalará a mi lado por un par de décadas. ¡¡¡Toda una vida!!!

“Aquellos maravillosos años” que vivimos con pasión aparecen cómo un espejismo; me cuesta pensar que fui la actriz principal de la serie. Hoy, solo queda una bruja. Lo especial e intenso es efímero en el tiempo o quizás el ser humano no estemos capacitados para soportar la felicidad más allá de momentos breves y puntuales.
Y vinieron los hijos que en el lugar del pan debajo del brazo, trajeron discusiones, divergencias y sobre todo la tercera “d”, la del distanciamiento. Y a trompicones mantuvimos “aquello” mientras los pañales, biberones, tirar del carro, vacunas,…etc, no nos dejaban pensar mucho más allá. Rozarse por la noche era todo un milagro, que cada vez era más complicado que se produjese. Cómo la lección y el aprendizaje no habían sido suficientes repetimos un par de veces más. Sorteamos estos años como “Dios nos dio a entender”. De las princesas disfrutamos mucho, eran guapas, risueñas, felices…todo lo que se puede pedir a una princesa. Pero nosotros nos sentimos unos incomprendidos cada uno en el nuevo lugar que nos había colocado la vida; aparecieron peluqueras, mozos de almacén, compañeras de oficina, compañeros de trabajo…y mientras iban y venían, nuestras princesas crecían y crecía nuestro deseo de cambiar nuestra mísera existencia en esa relación.
Decidir que hacer con el cadáver no fue tarea fácil; llevábamos años que era sumamente difícil ponerse de acuerdo. Sumado que habíamos llegado a una situación cómoda, aburrida y de no agresión… ¿Por dónde empezar?
En ese mismo momento comienza la hoja de ruta peor planteada, más equivocada y diseñada exclusivamente por mí, que era quién no iba a permitir ni un día más, que aquello se prolongase. Y empiezan a sucederse las etapas más variopintas y extrañas de esta relación moribunda. “Compartimos piso y repartimos tareas para que el bolsillo no se viese afectado por la nueva relación”; en busca de un estado perfecto que no perjudicase las cosas que hasta ayer eran lo mas importante de nuestras vidas: vacaciones, viajes, pueblo y caprichos varios.  “Compartimos sexo”; esta fue una de mis demandas, no estaba dispuesta a sacrificar lo que mas me gustaba de la relación; ahora que nos habíamos convertido en unos virtuosos del conocimiento del cuerpo del otro, a tirarlo por la borda y sin tiempo para dedicarse a la búsqueda de un nuevo amante. Me negaba. “Compartimos cuenta del banco” aquellos ahorros iban a ser intocables, de momento. Cada paso de la hoja de ruta nos iba alejando de la meta y suponía volverse a reubicar.

Con tantas medidas descabelladas, de las que el cerebro era yo y que lejos de conseguir los resultados que esperaba, empecé a pensar que el problema en si era “la hoja de ruta”. Solución, no tiene que haber hoja de ruta porque no hay objetivo que perseguir.
Y por fin llegó el año que cambió mi vida; nada de sexo, nada de llamadas de teléfono con el ex, nada de exigencias, nada de reproches, nada de piso compartido, nada de cuenta común, en definitiva, nada de nada. Dedicada a replantearme cómo quería la brujilla vivir.
Y poco a poco voy tejiendo meticulosamente mi vida cuyo referente es un sueño que persigo y que se va desvelando poco a poco; unas pequeñas señoritas cómplices de esta brujilla casquivana, unos cuantos amigos “manitas” que hacen posible que sobreviva a cualquier contratiempo del hogar (además del seguro que pago religiosamente), unos amantes que me amueblan el corazón y me calientan el cuerpo, unas amigas que son mis mejores espectadores de aventura y una familia que sencillamente esta ahí…

Secretillo: Cuando he llegado de trabajar me estaba esperando el ex para enseñarme que me había limpiado el ventanal doble de mi habitación. ¿Empezamos a ver la vida con mas claridad ???


17 de enero de 2012

LEVANTARSE

Bienvenido a la casa de la bruja cuando arranca el día; no le sirven para nada los poderes.
La primera premisa es que, te levantes a la hora que te levantes, siempre vas a “ir de craneo”; Siete y media no es mala hora si tenemos en cuenta que hay que poner el desayuno a la adolescente, hacerle el bocata de media mañana, plancharle el pelo, repetirla varias veces “que se lave los dientes”; decir hasta cansarse “no te pintes los ojos, no es horario de discoteca aunque todavía no haya amanecido”, no tires la leche por el fregadero que cuesta dinero…y suma y sigue cada vez que la rebelde y malhumorada adolescente aborda cualquier labor matutina. Cuando finalmente te vas a liberar de ella y sale con la mochila por la puerta, se revuelve y te atropella porque se le han olvidado las llaves. Pone la habitación “patas arriba” ante mis ojos incrédulos y finalmente me da la puntilla: “Seguro que las has cogido tú, porque como estas todo el día ordenando”. No perdamos los nervios porque hay dos opciones: primera, le sacas al descansillo para que se vaya de una vez sin llaves o segunda, le sacas al descansillo para que se vaya de una vez pero con tus llaves.
Aunque la elección debería ser una buena lección de lo que pasa cuando has extraviado lo único que tiene que cuidar aparte del material escolar, una vez mas se impone la solución desacertada; que la señorita se lleve las llaves.
No hay tiempo para detenerse, hay que ducharse, planchar una camisa, exprimir unas naranjas, pasar una toallita por los saneamientos, recoger la leonera de la que acaba de marcharse…y a todo esto sumarle que aún hay que levantar y tirarle literalmente en el cole a la segunda. Imposible de sacarle de la cama, da igual quitar la manta que abrir la ventana…Me dan ganas de acabar de arreglarme y echar a correr. Sin embargo tengo que dedicarme en cuerpo y alma a poner en marcha a la marmotilla. Después de varios intentos fracasados con buen talante, recurro a la solución eficaz “ponerme como una hidra”. Y todo empieza a rodar; la ropa la elijo yo, los tirones de pelo les doy yo, y cualquier cosa por nimia que parezca, la decido yo. No hay mañana que no destile “mala leche”.  Con el reloj en contra, y la aguja sobrepasada vamos llegando “por los pelos” a los sitios. Primero al colegio; la mayoría de los días nos damos “de morros” con el bedel que viene a cerrar la puerta, después el kiosko, parada obligatoria para chicles y periódico y finalmente aterrizo en mi trabajo con algún rulo colgando.  Cuando me siento en la mesa sonrío; he sobrevivido una mañana más al arduo trabajo de poner en marcha mi pequeño universo. Soy una bruja que no tengo varita mágica, solo tengo escoba…

14 de enero de 2012

PASEITO MAÑANERO

Dentro de mis propósitos, había que ponerse en forma. Ni corta ni perezosa desenterré una zapatillas de deporte de vaya usted a saber de que año son, una camiseta de publicidad que utilizaba para dormir y un pantalón de chándal (con sus motitas de lejía y pintura)  utilizado en los pocos zafarranchos y pinturas que hago en casa. Con estas pintas me eché a la calle una mañana. Por supuesto, encima llevaba un buen “plumas” para protegerme de las “pelonas” (heladas) mañaneras y tapar perfectamente el descabalado atuendo. Los primeros días, más que andar, paseaba despacio, sorteando pozas con sumo cuidado, miraba al sol y con los ojos cerrados hacia largos tramos, me ensimismaba con los saltos de las perdices, inspiraba el olor de las hojas de chopo húmedas…Era una especie de disfrute de los sentidos que poco tenía que ver con el objetivo prioritario de moldear cuerpo. Y los días pasaban y no era capaz de reconducir el paseito.
“Hasta aquí hemos llegado”; salí convencida que la solución pasaba por engancharme con algún grupillo de los pateadores, como he visto multitud de veces en el ciclismo.  Detrás de mí escuché como se acercaba personas conversando y cuando llegaron a mi altura dos caballeros les pedí que me dejaran acompañarles. De repente aquella conversación animada que traían se vino al carajo y yo pensando cómo sortear esa situación tan tensa. Hablar del tiempo es de “besugos”, hablar de colegios y de hijos como con otras mamás no lo veía apropiado, hablar de futbol no tengo ni pajolera idea…y me arranque “si serían perdices o codornices los pájaros que andaban por el sembrado”; aquella conversación de “Jara y sedal” todo un acierto. De allí fuimos a la geografía española y a nuestros pueblos de origen; encantados los tres andarines contándonos aventuras y desventuras de infancia en el mundo rural.
Cuando nos despedimos agradecí a los caballeros su grata compañía y su ayuda a la hora de patear; me confesaron con gran dignidad que ellos habían perdido ritmo conmigo. Pensé para mí “que os den”.
Al día siguiente, me tuvieron que convencer para que les acompañase; estaba dispuesta a ir sola.
Han pasado un par de semanas y cuando nos vemos sonreímos. Ya no nos dejamos hablar, comienza la tertulia política; es cómo la de Ana Rosa Quintana, pero con las personas reales y no manejando estadísticas. Miguel es un parado de larga duración y Tito es un trabajador de la EMT; la que suscribe no sabe ni ella misma dónde encajarse, trabajos por obra, empresaria, “maruja”…una escéptica del sistema. Realmente no sé que es mas beneficioso si lo que andamos para el cuerpo o lo que despotricamos para el coco. Ayer les conté que les tenía que abandonar porque me tenía que incorporar al trabajo. Me han propuesto que les acompañe los fines de semana. Allí estaré chicos.

11 de enero de 2012

CUMPLEAÑOS


De pequeña preguntaba a mi madre “¿Te acuerdas cuando yo nací?”. Me contaba que fue una noche de una gran nevada y que mi padre tuvo que ir a buscar a mi abuelo que era médico y vivía en la casa del médico, al lado de una pequeña ermita vigilada por el río. Mi padre añadía que casi le tuvo que traer en “volandas” del espesor de la nevada. ¡Cómo me gustaba escuchar aquel momento cuando llegué a la vida!
Mi madre al ver aquellos ojos medio oscuros con un interés inusitado continuaba dándome todo tipo de detalles “y venías al revés, de nalgas” “con lo chiquitita que eras, me costó mucho que salieses” “y cuando arrancaste a llorar, no parabas”…En ese momento mi padre se hacía con las riendas del relato y comenzaba a despotricar, “hija mía has llorado y has dado guerra lo que no esta escrito, no sabíamos que hacer contigo…”. Recordaba las noches que tenía que madrugar, pero el bebe tenía pulmones para conseguir que no pegase ojo en toda la noche. Recordaba también un artilugio que hizo desde aquella cuna de madera beis hasta la cama de matrimonio para que mi madre me pudiese mecer y así no pasase frío en aquellas noches gélidas de invierno. Después de despacharse durante un rato, me miraba; aquel hombre duro, áspero y autoritario retomaba la dulzura y proseguía: “Ya te llevamos al médico y nos confirmó que estabas herniada y por eso llorabas”; quería redimir todas las “pestes” anteriores. Entonces me contaba que me llevaron a  la mejor clínica de pago de Bilbao, que se pusieron en manos del mejor cirujano y que éste les contó que a Benidor venían las suecas y traían una especie de “bikini” y que iba a intentar hacer una cicatriz de tal forma que cuando yo fuera jovencita si me ponía “este cacharro” como contaba mi padre, no se me vería.  Y así fue, corrían los sesenta.
Los primeros cumpleaños de mi memoria eran un día especial que para merendar tomábamos toda la familia chocolate con churros que hacía mi abuela. Aquellos churros cargados de azúcar, sobre un papel de estraza empapado de grasa, aquella mesa tocinera que solo se utilizaba en celebraciones especiales, aquellos niños nerviosos e inquietos ante la novedad, aquellos adultos permanentemente recordándonos las buenas maneras (“siéntate”, “no te levantes”, “estate quieto”),  ¡menuda era mi abuela, toda una señora!.
La celebración terminaba “de aquella manera”; los niños empachados del atracón de churros, el chocolate en las tazas, el juego improvisado de mojo mi churro en tu taza, te quito la cucharilla, el churro y lo que haga falta…todo ello ante la mirada de cabreo en “crescendo” de mi abuela. Mi madre se daba cuenta que había llegado el momento de evacuación y se las ingeniaba para sacarnos uno por uno, aunque fuese a puntapiés. Aquella casa, tan poco común y misteriosa para nosotros, era la casa que albergaba los momentos más especiales de nuestra infancia. Sabíamos que aunque la abuela nos había advertido que no volvería a hacer churros ni chocolate; aquello se la pasaría pronto. Menos mal, eran unos de los grandes acontecimientos de nuestra niñez, los cumpleaños. El mio, era el primero.

10 de enero de 2012

A JUANA

Cada día me cuesta mas ir a verte; contemplarte en esa silla de ruedas, balanceándote de un lado para otro, encorsetada con ese cinturón azul…me dan ganas de gritar “¿Por qué?”. Ese balbucear palabras inconexas, esos ojos hundidos, con una mirada perdida que ya no sé traducir, ese rechinar de dientes…y sobre todo ese llanto desgarrador, que de repente brota….me parte el corazón.

Nuestro encuentro no fue lo que se llama empezar con “buen pie”. Aparecí en tu vida para llevarme “al hombre de la casa” (como decías). Ya apuntaba maneras de bruja. No comprendí en aquel entonces “por qué causé tanto revuelo y preocupación”. Ahora que soy madre reconozco que no tuvo que ser nada fácil competir con la juventud, la pasión y el olor a hembra que destilaba.

Después de nuestros primeros desencuentros, ambas nos revelamos como dos mujeres de “armas tomar”, con carácter, testarudas, con energía, pasionales…; Tenías “callo” en esto de luchar (la guerra, la hambruna, el campo, la enfermedad…) y por supuesto, sucumbí en tu campo de batalla porque tus mejores aliados eran la alegría y el buen humor. ¡Cómo cantabas coplas!

Y empezamos a respetarnos, a entendernos y a querernos; me encantaban tus purés de verdura, que me arropases en aquel sofá de barco, aquella pequeña manta eléctrica que te quitabas de tus riñones para que me la pusiese en el estomago y me calentase las manos. No recuerdo si es que hacía frío o que sé yo; de lo que estoy segura es que me mimabas y siempre sonreías.

Me gustaba escuchar ese cuento de hadas del que fuiste protagonista; aquel “vascorro” con buena planta y con “parné” se enamoró de aquella chica extremeña que había venido a Madrid a servir; el amante (el que ama) enfermó y ella tuvo que sacar adelante hijos y enfermo. ¡Qué valiente fuiste en aquella sociedad machista!

Otro día sigo. Te quiero Juana

8 de enero de 2012

EL CABALLERO QUE QUERÍA SABER MI TALLA DE SUJETADOR


A la hora bruja (12 de la noche) la que suscribe recoge sus polvos mágicos (humor, amor y cariño), se monta en su escoba y se lía a dar escobazos para que lleguen a cualquier lugar por recóndito que sea del ciber espacio.

Lo cierto es que no estaban los caballeros del zodiaco habituales, aquellos que son mis cómplices de la noche y con los que comparto la soledad. Uno de los que por allí pululaban era “el chico de la sonrisa Profidén”; creo que no habíamos cruzado mas allá de unas presentaciones correctas y algún que otro piropo que le había regalado (“No dejes de sonreír porque alguien se puede enamorar de tu sonrisa”).
Después de un par de saludos parcos y frases breves, la pregunta del caballero de la sonrisa “Qué talla de sujetador usas”. Conmoción momentánea en la red, en mi mente instantáneamente otra pregunta a hacer “y la medida de tu paquete…”. Hay que sobreponerse, hay que jugar, porque todo en la vida es un juego. Rebuscando la frase ingeniosa, divertida, lejos de la vulgaridad y lo soez a la vez que satisfaciendo su curiosidad masculina, pensaba en un anuncio de tele-tienda que cuenta que el 80 por ciento de las mujeres no compran en su vida el sujetador adecuando. Yo soy una de esas, unos van para mi madre, otros para mi hija, otros “muertos de risa” en el cajón…Finalmente decido acogerme al tallaje inglés “36 B”; no le sirve de nada mi contestación; sabía de antemano que un hombre de esos menesteres “ni papa” pero estaba convencida que el tema quedaba zanjado para no demostrar su ignorancia en el asunto. Una vez más me equivoqué. Cuanto más esquivaba la contestación y el juego era pura ironía, mas se revolvía el ego masculino. Sus preguntas y sus observaciones se convirtieron en el guión de una peli de porno duro, que sorteaba con mucho gracejo.
Definitivamente buscaba una jugadora en la cama “sumisa y que hiciese buenas felaciones”. Le recordé que las mujeres inteligentes somos atrevidas, provocadoras e irónicas…muy lejos de la sumisión; además no tenía carnet de “chupadora” (como quién tiene el de manipuladora o el de identidad).
En vistas que la conversación me resultaba de un gran esfuerzo mental, el caballero se había convertido en rufián y había olvidado el ritual de la seducción, la dama decidió  desmarcarse; ¡¡¡con lo bien que se esta en la cama!!!
Al día siguiente no me pude resistirme a enviarle un mail: ¿Cómo va el casting de personal con master en "succiones sumisas" (lo que da de sí la RAE)?.

7 de enero de 2012

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

Por fin dimos boleta al 2011. No perder ni un minuto para recordar penurias. Lo pasado, pasado esta.
Propósitos para el 2012, “doce” como las uvas que me tome ya hace unos cuantos días; Cada año pienso un deseo al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol y tragando como los pavos las uvas deshollejadas y sin pepita que me preparo antes de sentarme a contemplar como un año se va y otro viene.

Recuerdo perfectamente la primera media docena de enmiendas para este nuevo año; que suelen ser las que repito año tras año. El régimen, me estoy convirtiendo en una mujer cilíndrica a pasos agigantados y después de estas fiestas, ni te cuento; no me importa ni los trigliceridos, ni el colesterol; me preocupa recuperar la cintura y poderme dar el botón del pantalón. El gimnasio para reparar la cara de acelga que deja el régimen y para demostrarme por una vez en la vida que soy capaz de ir después de pagarlo. Tengo que poner un masajista en mi vida que me tonifique la zona lumbar; aún hay que mover mucho la pelvis para estar en forma. Poner al ex en “su sitio” uno de los retos; el problema es que no tengo muy claro cual es su sitio. Capítulo amantes, este concepto hay que definirlo, porque los tiempos cambian y los amantes también; la demanda del mercado y de la que suscribe es otra.
Seguimos con“hijos y Espíritu Santo”; lucharemos bajo el slogan “una madre no es una criada”. Y el trabajo, con la que esta cayendo, seguiremos poniendo los huevos en distintos cestos. Había pensado mandar al carajo a mas de uno, pero de momento voy a estar con la boquita cerrada. Voy a recuperar urgentemente a mis amigas porque están en la misma situación laboral y sentimental que la mía “precaria”. Respecto a mis amigos varones van a pasar de nuevo el cuestionario y se les dará la amistad por puntos. Nada de inversiones a fondo perdido; así nos va.
La familia será lo que siempre ha sido en mi vida, mi pilar; seguirán teniendo que aguantarme.
He llegado a la undécima propuesta “echar buenos ratos” con vosotros; os prometo derrochar magia, desvelar secretos, preparar pócimas...para haceros sonreír (reír al son de momentos insignificantes de la vida).
Y el duodécimo, como en todos los buenos cuentos de hadas y brujas que se precien, nos guardamos un as en la manga por si necesitamos romper algún maleficio.

La bruja